8 de marzo, conmemoramos el día internacional de la mujer.

  • Pero ¿Nos hemos preguntado qué significa ser mujer? ¿Cuáles son los estándares socialmente establecidos que debemos seguir? ¿Cómo tenemos que actuar o bajo que reglas sociales y políticas debemos jugar para poder ganar un espacio en este mundo?

 

Esta idea se nos presenta, a algunas con más frecuencia que a otras, nos llega como un mar de dudas en el que cuestionamos si todo lo que hacemos, lo que nos rodea o lo que somos está permeado por las reglas y estereotipos hegemónicos y heteronormativos, esos que intentan “demostrar la supremacía” de un sexo sobre otro.

Esto no es para menos, muchas mujeres antes que nosotras han tenido que luchar, pelear, dar todo de sí para que la semillita, el gusanito se plasme frente a nosotras, es decir, el momento en el que empiezas a cuestionarte el por qué a nosotras como mujeres no se nos da el mismo trato y/o respeto que se le da a los hombres, o por qué que debemos mantener una lucha constante para ganarnos un lugar.

Este pensamiento nos llega como un rayo, o al menos así lo vemos, cuando en realidad el trayecto que recorren todos estos cuestionamientos es tan sutil que no puedes notarlo, pero un día todo hace clic, de un momento a otro te cuestionas, juzgas o criticas todo eso que eres, todo lo que crees.

Es pertinente subrayar el punto desde el cual se hacen estas reflexiones y reconocer que nos encontramos en una situación de privilegio, de la misma manera, dar cuenta de lo diversos que son nuestros contextos y por ende, nosotras mismas. Algunas de nosotras hacemos esta reflexión desde la comodidad de nuestra casa, otras en la escuela, el trabajo, incluso en nuestro trayecto a alguna parte, otras desde una celda, entornos precarizados, segregados y criminalizados. Recordemos que ninguna vive en el mismo entorno, reconozcamos que podemos estar atravesando por dos o más desigualdades y que podemos provenir de contextos interseccionales.

Es en este momento en dónde vale la pena preguntarnos, desde nuestros espacios, trincheras; ¿cómo y qué tanto hemos abordado la igualdad y los derechos de las mujeres que se encuentran en una situación de vulnerabilidad? ¿Qué tanto hemos intentado visibilizar la violencia y/o acciones sistemáticas punitivas de las estructuras heteropatriarcales y machistas a la hora de la impartición de justicia en nuestro país?

Porque, crecemos en un mundo, en un país, en un contexto en dónde se nos culpa, se nos manda, se nos pone en un lugar desde pequeñas, se nos va leyendo la letra pequeña que “nos corresponde por ser mujeres” con cada acción; lo correcto o incorrecto. Crecemos en un mundo en donde se nos criminaliza por atrevernos a decidir sobre nuestros cuerpos, por tener una ideología diferente a la hegemónica, por alzar la voz ante la injusticia, la opresión o la crueldad con la que nos están tratando, por no tener los recursos necesarios para vivir y buscar alternativas para poder seguir aquí (claro que estas no son muchas, en ocasiones, se nos orilla a escoger esa que tanto se juzga y se mal mira). Incluso, se nos ha criminalizado porque nuestros cuerpos no aguantan, no pueden o no tienen la capacidad para poder gestar.

Se nos mata, viola, golpea, persigue, se nos ataca por atrevernos a existir, por querer tener una voz, por querer ocupar un espacio, porque no queremos permitir que nos sigan tratando como si fuéramos objetos a disposición de otras personas, por querer darle una vuelta a las prácticas sociales, porque tanto en las leyes como en la práctica el proceder sea igualitario y equitativo, con perspectiva de género.

Vivimos en un país que tiene 480 centros penitenciarios y tan solo 10 son exclusivos para la población femenina, en donde las mujeres privadas de la libertad son una minoría representando el 5.7% de la población total (ENPOL, 2021). Formamos parte de un país en el que hay 12, 480 mujeres privadas de la libertad, de las cuales, 6,569 se encuentran en prisión preventiva, es decir, una de cada dos mujeres en prisión preventiva espera sentencia (IFDP 2021), todas y cada una siguen siendo invisibilizadas, silenciadas, estigmatizadas y violentadas, tanto por las autoridades como por las personas de su entorno.

Como mencionamos previamente, hacemos esta reflexión desde nuestra trinchera, pensando más allá de nuestra burbuja, buscando maneras en las que podemos ayudar y llegar a más mujeres, para que la frase; “Si los derechos que yo tengo, no los tienen las demás, no son derechos, son privilegios”, deje de ser una realidad, para que los derechos de todas sean respetados, para que nuestros espacios dejen de ser vulnerados.

Colaboradoras de Asistencia Legal Por Los Derechos Humanos

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