Miles de personas privadas de libertad dentro del Sistema Penitenciario Mexicano enfrentan una misma realidad que atenta con la posibilidad de reinserción social: falta de trabajo, actividades deportivas y educación. De acuerdo con estadísticas del ENPOL (2017) en centros federales en Durango, Oaxaca, Sonora, Veracruz y Chiapas promedian un 78.57% de la población pasa de 22 a 24 horas encerrados en sus celdas diariamente. El costo de pasar tanto tiempo, únicamente en la compañía de otras personas dentro de la misma celda, tiene efectos graves que no sólo se reducen a daños psicológicos y físicos para los individuos, sino también para la comunidad a la que regresarán.

Este problema, con respecto a garantizar los derechos humanos, es profundamente alarmante. Privar de actividades a las personas en conflicto con la ley penal, lejos de lograr la reinserción social genera un efecto adverso que, comúnmente, se traduce en una mayor alienación social, resentimiento y reincidencia. Si la idea fundamental del sistema penitenciario es, según el modelo de Ejecución Penal implementado en el 2008, la reinserción y que la pena busca solamente castigar un delito, esta manera de implementar penas y castigos excede y ataca las nociones por las que se rige el sistema penitenciario.

Platicamos con el Dr. Jorge de la Peña, psiquiatra especializado en casos de tortura, para comprender qué sucede en la mente y cuerpo de una persona cuando está sometida a estar en un espacio específico reducido como una celda durante corto, mediano y largo plazo y si, en cualquier caso, esta práctica puede ser considerada como tortura.

Asilegal:¿Qué pasa de manera inmediata cuando uno tiene solo una o dos horas al día para hacer actividades recreativas?

Dr. Jorge de la Peña: Lo que pasa dentro del sujeto es una sensación de incertidumbre, porque no sabe lo que puede suceder se siente totalmente desamparado. Y, aparte de los peligros obvios de estar dentro de una prisión, porque hay gente con sentencias por más de 80 años con nada que perder, desde el punto de vista físico, obviamente, hay una serie de riesgos muy importantes a la salud. Por poner un ejemplo, la vitamina D se metaboliza a partir de los rayos del sol, si una persona no está expuesta a la luz del sol, padecerá ciertas enfermedades como raquitismo —ablandamiento y debilitamiento de los huesos—, además de los factores psicológicos que puede presentar cualquier persona cuando se encuentra en esas condiciones. Mismas condiciones que, es necesario decirlo, son de mal trato, inhumano, cruel y degradante. Tener encerrado tanto tiempo a cualquier individuo no logra ningún tipo de rehabilitación o readaptación.

Quienes conocemos las condiciones de detención de las personas privadas de libertad dentro de los diversos centros de readaptación social, nos damos cuenta que muchas veces en los centros, por ejemplo, de la Ciudad de México, Oriente, Sur, Norte, están completamente sobrepoblados y yo, honestamente, los podría comparar con los campos de concentración nazis. No en el 100% pero sí en un porcentaje importante; desde la comida hasta las celdas hay condiciones inhumanas en muchas esferas —imagina que hay personas que duermen paradas, amarradas a los postes, o que las regaderas son de agua fría o no hay baños sino agujeros en el suelo— es decir, no se les da la atención digna que cualquier ser humano requiere. Insisto: pueden haber cometido el peor crimen del mundo, pero es no implica que no puedan tener derechos humanos.

¿Consideras que estar encerrado tanto tiempo en una celda tiene un efecto muy negativo para la reinserción social?

Por supuesto, sí. Lo único que logras con esto es un efecto contrario con respecto a la sociedad. Si el sujeto comete un delito, ya sea con o sin intención, y es detenido, esa molestia u odio que puede tener frente a la sociedad se puede exacerbar. Entonces, cuando el sujeto recupera su libertad, vuelve a delinquir, cosa que es completamente común. Es un círculo vicioso porque, dada esta lógica, cuando la persona egresa de un centro no puede conseguir trabajo ya que es considerado peligroso en el imaginario colectivo. Las condiciones de reclusión y encierro que un sujeto llega a tener pueden afectar de manera negativa la esfera psíquica del individuo, produciendo un daño sociopático mayor que el que pudieran haber tenido en un inicio, convirtiéndolo, ahora sí, en un peligro para la sociedad. Lo paradójico es que esa sociopatía que pudiesen haber tenido antes de entrar a la prisión, se exacerba dentro de ella más que solucionarse en cualquier caso. Estas condiciones que llamamos de reclusión y encierro, sí afectan de manera importante y negativa.

¿Cuánto tiempo costaría recuperarse de exponerse a una situación de reclusión como la mencionada?Depende del sujeto, primero tenemos que hablar de la personalidad previa y también del delito. Fundamentalmente depende de la persona, hay individuos que se pueden rehabilitar ellos solos, consideran que deben mejorar en el ámbito social, pero son los menos. La mayoría sale con un odio internalizado contra la sociedad muy importante. Sin embargo, hay que hacer una distinción: el sujeto que está encerrado por causas políticas y el sujeto que está por cosas de otra índole. El primero ve la detención como algo que siempre pudo suceder y puede ser que su ideología lo ayude a manejar mejor su situación de encierro; el segundo que delinque según el rol que ha aceptado dentro de la sociedad y es común que tenga mucho menor posibilidad de reinsertarse por sus propios medios.

¿Crees que esto debe ser catalogado como tortura, aunque no estés aislado?

Sí. Mira el concepto originariamente se pensaba como tortura, pero a partir del Protocolo de Estambul del año 2000 ya se le agregó un apellido: la tortura con malos tratos o degradantes. Bueno, simple y sencillamente, establece que la tortura puede ser psicológica y/o física, ya que toda tortura, por sí, es psicológica. Estar en estas condiciones, automáticamente, se convierte en un vehículo o medio de tortura para cualquier persona.

Si a ti te detienen por cualquier razón, tal vez incluso una muy simple, te llevan al reclusorio y te hacen todo lo que te tienen que hacer; te fichan, te rapan y te meten al C.O.C. la cual es la antesala, y ahí están todos los mafiosos que te despojan de todo con lo que entraste. Ya desde ese momento existe una condición torturante, en el principio. Cuando pasas al “pueblo” de población general, pues te tienes que defender o vivir a la defensiva porque en cualquier momento puedes ser agredido. Así, por lo tanto, entra una nueva paradoja: tener a un familiar detenido cuesta mucho dinero. Tienes que pagar para que sea protegido, para que tenga un trato mínimamente humano, etc. Y todo esto recae aún más sobre los hombros de la persona encerrada.

¿Qué efectos pueden causar un encierro tan prolongado con el paso de los años?

No son necesarios años para ser afectado, profundamente, a nivel psicológico. La persona que está detenida en condiciones adversas, que son todas, inmediatamente empieza a experimentar trastornos de índole psicológico. La primera situación que se presenta es un trastorno por estrés postraumático que se puede complicar, a mediano o a largo plazo, con cualquier trastorno psicológico: depresión, adicciones, trastorno de ansiedad, trastorno psicótico, etc. pero siempre la primera instancia es el estrés postraumático porque estar en una prisión en México es algo sumamente traumático. Es traumático estar detenido.

Cuando te detiene el alcoholímetro, por ejemplo, es una experiencia traumática. Es un lugar inhóspito, y aunque estás solamente 36 horas, te aseguro que es una experiencia que no se va a olvidar en toda la vida. El impacto es profundo. Ahora, imagina que te detengan, inocente o no, y pasas un buen tiempo encerrado (especialmente en los delitos graves) y ni siquiera tienes acceso a la luz solar, en zonas de clima adverso, con comida de muy mala calidad y en peligro constante a abusos de cualquier tipo. ¿Le causa efectos negativos inmediatos a la psique de una persona esta situación? Por supuesto que sí. Ya dependerá cómo y de qué manera a cada individuo, pero de entrada, por supuesto genera un acontecimiento psicológico importante y muy seguido grave.

Esto es una situación muy grave que urge ver cómo podremos solucionarla. Este tipo de medidas atenta contra su derecho a la reinserción social y a sus derechos humanos. Estamos hablando de un centro de readaptación o reinserción, pero en la práctica no se hace nada de eso. Se habla como si fuera así, en la práctica es otro tema. El sujeto entra a una prisión y sale peor de como entró, entonces eso de la readaptación realmente existe por el nombre, aunque no para una realidad. Yo no conozco, al menos en América Latina, una prisión que tenga el objetivo de la readaptación de manera clara y comprobable.

Desde que comienza la detención, hay humillación. Cuando llega a la cárcel, hay humillación. En el proceso para evitar que abusen a uno, hay humillación. Esto es lo más preocupante y se tiene que atender de la manera más inmediata posible.

 

Autor: Sergio Pérez Gavilán

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