A lxs chicxs de #FortaléceteLGBT 2019:

Las comunidades es un término que se utiliza para calificar a un grupo de personas que persiguen un mismo fin, un colectivo que tiene similitudes contextuales y que atraviesan cierto grado de similitud en su vida cotidiana. Cuando conocí una comunidad LGBTTTI me cuestioné sobre por qué debería yo asumirme o sumarme a esta colectividad, en realidad, no me veía muy identificado con el movimiento. De hecho, al contrario: me sentía ajeno de las realidades que conocía muy ambiguamente sobre sus luchas por el reconocimiento de los derechos. A mis 17, habiendo salido del clóset recientemente, me costaba trabajo autoidentificarme como una persona en situación de peligro. ¿Qué pasó después? Conocí los movimientos sociales, políticos y culturales que habían atravesado por lo menos el último siglo, tuve un acercamiento a lo vulnerable y a las atrocidades que el Estado, a través de sus instrumentos de poder, ha perpetuado en perjuicio de las minorías.

Fue entonces que me reconocí como una persona privilegiada, y no en el sentido de vivir en la opulencia y los lujos, me di cuenta que si bien tenía un contexto de vida humilde, nunca me faltaron servicios básicos de salud, alimentación, transporte o acceso a la justicia, tuve acceso a educación gratuita básica, de medio superior y superior, siempre tuve en mente que todo esto se debía al mérito y al esfuerzo hecho por figurar y “salir adelante”. Pensé muchas veces que las personas que vivían en contextos de pobreza estaban ahí porque no ponían el esfuerzo suficiente para superarse, no cabía en mi mente el reconocimiento de otredad ni mucho menos que el “echarle ganas” en este país no es suficiente para disminuir las brechas de desigualdad.

Esto me llevó a hacer un ejercicio de introspección: me repensé como ser humano y como una persona homosexual que ya con un título universitario tenía resistencias a reconocer el privilegio con el que había vivido hasta entonces, haciendo un ejercicio más profundo pude identificar que yo mismo generé un mecanismo de autodefensa para evitar ser femenino, siempre con la intensión de que no me identificaran homosexual y siempre con la convicción consiente de pasar desapercibido, de evitar el rechazo de mis círculos sociales y de no aceptar mi realidad.

En complemento a lo anterior, pude identificar un sistema de opresión bastante perverso y bastante funcional a sus fines. Mi realidad no es un caso aislado, muchas personas que se identifican LGBT tratan de muchas formas de evitar ser víctimas de violencia, de bullying y de exclusión en sus entornos sociales, y es que vivir desde siempre con roles de género donde lo femenino es símbolo de debilidad, heteronormatividad que responde a un modelo hegemónico y único de vivir tu vida, de misoginia donde las mujeres son un mero objeto al servicio de los hombres cisgénero heterosexuales, aunado a las desigualdades sociales y económicas te coloca en un contexto de peligro si decidieras asumirte homosexual, de clase media baja y abiertamente diferente a lo establecido socialmente.

Y es que no se debe ser muy observador para notar las diferencias abismales que existen entre una persona LGBT a la hegemonía en la que vivimos, aunado de las desigualdades que se pueden observar incluso en las ciudades más pobladas de México. Para que entiendan un poco de lo que hablo, deglosaré el factor educativo para que podamos medir nuestro privilegio de accesibilidad a derechos: según el estudio “Desigualdades en México del 2018” elaborado por el Colegio de México, a través de la red de Estudios sobre desigualdades, revela que el acceso a la educación de grado secundaria muestra la primera gran brecha de acceso ya que de acuerdo a las cifras, una persona considerada con “altos ingresos” (parámetro de INEGI) tiene el doble de probabilidades de acceder a dicho nivel educativo que una persona de “ingresos muy bajos” ; cuando se cruza con el factor geográfico encontramos que, en términos generales, la probabilidad de que un estudiante de una escuela urbana alcance buenos aprendizajes es entre 3 y 4 veces mayor que la de un alumno de una escuela rural ; si sumamos un factor más, tomando en cuenta el factor lingüístico y étnico, el estudio nota que los jóvenes de 15 años que hablan un idioma distinto al español son considerados un grupo resiliente ya que se identifica que la mayoría de esta población atraviesa por todos los factores mencionados anteriormente . Si todo esto lo cruzamos con que la persona es LGBTTTI nos encontramos con un panorama muy oscuro, a esta persona se le sumarían los factores discriminación, homofobia, género por solo mencionar algunas, según el informe Diagnóstico Nacional sobre discriminación hacia personas LGBTI en México realizado por Fundación Arcoíris y la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas de SEGOB, que si bien en el apartado de metodología se afirma que no son datos representativos (muestra de 2 mil 400 personas aproximadamente a nivel nacional) nos revela algunos datos que pueden describir generalmente factores que caracterizan el acceso a la educación a la población LGBT. En este sentido, el diagnóstico afirma que el 14% de personas LGBT entrevistadas nunca revelaron su orientación sexual dentro de su entorno educativo por “mucho miedo” el 19%, por “miedo” el 16%, por “algo de miedo” y el 14% poco miedo, por lo que, al sumarlos, 63% de las personas entrevistadas no se asumieron públicamente LGBT por el factor miedo . Es decir, 6 de cada 10 personas LGBT no salieron del clóset por temor a ser discriminados en sus escuelas.

Dicho lo anterior, reflexionemos entonces de nuestros procesos y sobre si esta radiografía nos representa. En lo personal, pude identificarme dentro de este análisis, pude pensar sobre mis mecanismos de autodefensa y de cómo oculté -por miedo-, mi orientación sexual. Por fortuna, como un caso “de éxito” pude superar estos contextos de violencia, concluir satisfactoriamente mi formación universitaria y, a partir de ello, comenzar un proceso de deconstrucción, deconstrucción machista, deconstrucción hegemónica, deconstrucción a la heteronorma, en este punto pude aceptarme como parte de la comunidad LGBT.

La comunidad LGBT no es un conjunto de personas que salen solo a marchar el día de orgullo y visibilidad por las calles en las principales ciudades del país, detrás de esta comunidad hay una lucha histórica, personas que han dejado su vida en búsqueda de igualdad sustantiva para todas y todos, porque generar comunidad es fraternizarte con el otro, empatizar y saberse vulnerados.

Fortalécete LGBT es un programa multidisciplinario de formadores de jóvenes defensores de Derechos Humanos, personas que encontraron en la resiliencia herramientas de defensa, promoción y educación en una cultura igualitaria. Nace a partir de la voluntad de dos organizaciones que tienen un trabajo histórico de incidencia en políticas públicas y en favor de la diversidad sexo genérica en México, ASILEGAL y Yaaj México unieron expertices para realizar un programa pedagógico integral que cruza la formación académica con la experiencia vivencial que consiste en reuniones de alto nivel con las y tomadores de decisiones en el país.

Durante tres semanas ustedes no solo se dotaron de herramientas de promoción y defensa de derechos humanos, en este proceso se creó una red compleja de apoyo y seguimiento a sus proyectos diversos que tienen un mismo fin: abonar a una realidad más justa para todas y todos.
Chicxs Fortalécete LGBT, para mí, poder coordinar este proyecto desde ASILEGAL significa un paso más para consolidar mi compromiso por abonar a la erradicación de desigualdades, significa dar un paso más a consolidar mi compromiso para y con esta comunidad. La gente que converge en este programa tiene fines comunes, no queremos que las generaciones que surgen atraviesen por contextos discriminatorios y de violencia, queremos que se vivan y se enorgullezcan de ser quienes son, no queremos desigualdades, ni discursos de odio ni más muertos por ser diferentes.

Hoy termina un proceso de formación, pero este fin es el inicio de un largo camino que nos queda por recorrer, recuerden que en nosotres tienen una familia y que nunca nos podrán detener. Como dijo Chavela Vargas: “He tenido que enfrentarme con la sociedad, con la Iglesia, que dice que malditos los homosexuales… Es absurdo. Cómo vas a juzgar a un ser que ha nacido así. Yo no estudié para lesbiana. Ni me enseñaron a ser así. Yo nací así. Desde que abrí los ojos al mundo”.

Nuestros derechos no están para ser consultados, nuestros derechos tienen que ser reconocidos, les quiero y les admiro, gracias por coincidir, gracias por la resiliencia, el amor es también una forma de hacer política y si nos tenemos entre nosotres, no podrán detenernos.

ATENTAMENTE
Milton Martínez, asistente de dirección de ASILEGAL

[1]Colegio de México. (2018). Desigualdades en México 2018. Ciudad de México, México: Colegio de México., Acceder a Educación Secundaria pp 34
[2] Colegio de México. (2018). Desigualdades en México 2018. Ciudad de México, México: Colegio de México., Desigualdad por tipo de localidad de la escuela pp 38
[3] Colegio de México. (2018). Desigualdades en México 2018. Ciudad de México, México: Colegio de México., Desigualdad por condición lingüística pp38
[4] Fundación Arcoíris A.C., CEAV SEGOB México. (2017). Diagnóstico nacional sobre la discriminación hacia personas LGBTI en México. México: CEAV., Manifestación de la orientación sexual o identidad de género en los espacios educativos en cruce con la identidad de género pp 28