27 de junio de 2021

Ser de orientación sexual o identidad de género divergente en México es un acto de rebelión. El peso de una cultura íntimamente arraigada en preceptos culturales machistas, misóginos, homofóbicos y transfóbicos, ha señalado desde hace tiempo al acto de decidir a quién se ama, con quién se acuesta o cómo se identifica a sí mismo, como una afrenta a la ley natural, lo cual sigue cobrando vidas y causando sufrimiento. La realidad a la mano sigue imponiendo, una y otra vez, que las personas LGBTTTI en México deberán luchar con estigmas, prejuicios y menosprecios, en el mejor de los casos, y violencia letal en el peor. Desde cualquier ámbito deberán cuidarse de estos peligros probablemente a lo largo de su vida privada, y el peligro de violencia institucional, policial y jurídica, en la vida pública.

La prisión, por su parte, no puede ser desligada de la historia LGBTTTI del país. La pena en contra de la diversidad, fuera de la norma, siempre se ha ejercido a través de la privación del deseo y más profundamente en contra de la dignidad.

El poeta Dante Alighieri en la obra cumbre del renacimiento, La Divina Comedia, en el canto XV del Infierno reservó el séptimo círculo (de nueve) a las personas que practicaban sodomía, y un espacio en el purgatorio a quienes amaron a personas del mismo sexo y mostraron arrepentimiento. Si entendemos el infierno que aborda Dante como la funesta realidad del sistema penitenciario mexicano, ¿qué espacio le habríamos reservado en nuestro inframundo a las personas de orientación sexual o identidad de género divergente? ¿en qué círculo se les coloca cuando además de tener una identidad o expresión no-heteronormativa también nacen en posiciones de vulnerabilidad como ser de origen indígena, con escasos recursos económicos o educativos? ¿Los cancerberos del sistema penitenciario y de justicia abren la puerta de su infierno con el fin de alojar en los peores lugares a las personas de identidades divergentes?

Los estigmas que carga una persona de la población LGBTTTI pesan de diferentes y tortuosas maneras. Sin embargo, cuando se trata de acceso a la justicia, de tener un debido proceso y una privación de libertad en pleno goce de sus derechos, la discriminación se manifiesta con violencia severa sobre las personas que se distancian de la norma cultural. Desde el momento de la detención, así como en el proceso judicial donde no es extraño el uso del juicio por prejuicio, hasta la ejecución de una pena privativa de libertad: ser LGBTTTI en conflicto con la ley penal es una situación de vulnerabilidad acrecentada donde las autoridades, usualmente, son las primeras en perpetuar los daños.

En los últimos círculos del infierno es un reportaje de investigación fruto del trabajo transversal de diversas áreas de ASILEGAL que busca dar a luz, a través investigación coyuntural y testimonios de vida, un retrato actual de la complicada realidad que viven las personas de la comunidad privadas de libertad.


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